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Aryna Sabalenka: De la cima a la incertidumbre en el US Open

Nueva York — En las redes, Aryna Sabalenka parece vivir en un verano eterno. Vestidos impecables, paisajes de postal, bikinis y agua turquesa. Sonrisas, glamour, flashes. Vida perfecta.

En la pista, todo lo contrario.

La número 1 del mundo atraviesa uno de los tramos más grises de su última etapa. No ha pasado de octavos de final en sus últimos torneos y, a simple vista, está lejos de la versión que la convirtió en dueña del US Open los dos últimos años. Lejos de la jugadora que muchos señalaban como candidata natural a encadenar tres coronas seguidas en Nueva York, algo que no se ve desde Serena Williams entre 2012 y 2014.

Sabalenka, sin embargo, no se encoge. Responde. Y muerde.

A quien le pregunta qué le pasa con su tenis, dispara: “Quizá hay algo mal con la gente”. A quien critica el traje negro con malla que luce en Flushing Meadows, le da exactamente igual: “¿A quién le importa la gente, verdad? Lo único que importa para mí es que a mí me encanta”.

De un inicio arrollador al frenazo del verano

La temporada pintaba a año grande. Final del Australian Open ante Elena Rybakina, luego doblete en Indian Wells y Miami sobre pista dura, el territorio donde su potencia suele arrasar. Incluso tras caer en octavos de Wimbledon ante Naomi Osaka, el guion parecía claro: volver a Norteamérica, volver al cemento, volver a dominar.

Pero el libreto se rompió.

En Toronto, Ekaterina Alexandrova la sorprendió en octavos. En Cincinnati, la historia fue más dura: Sabalenka dejó escapar ventajas en ambos sets ante Sara Bejlek y se marchó con la sensación de haberse peleado más consigo misma que con la rival. Gestos de frustración, viejos fantasmas que regresaban, la imagen de aquella Aryna más inestable de sus primeros años en la élite.

Ella no quiere entrar en detalles, pero deja caer que el problema no era solo tenis.

“No fue el mejor periodo. No quiero defenderme, pero obviamente no quiero hablar de ese periodo. He estado lidiando con varias cosas”, admite. Y enseguida cambia el tono, casi como si se negara a recrearse en la debilidad: “Pero ¿a quién le importa, verdad? Sí, no jugué mi mejor nivel. Estas lecciones duras me van a hacer mucho, mucho más fuerte y trabajar aún más. Trabajo en mi parte mental. Intenté resetear mi mente y volver más fuerte, así que esto solo me va a hacer más fuerte. Es solo cuestión de tiempo que vuelva”.

Nueva York, claro, aparece como el escenario perfecto para ese regreso.

Nueva York, su territorio

Aquí levantó su primer título del US Open en 2024, derrotando a Jessica Pegula en la final. Aquí lo defendió un año después frente a Amanda Anisimova. En Flushing Meadows se siente grande, se siente en casa. Sabe cómo manejar la presión, el ruido, las luces. Sabe cómo ganar.

Tiene 28 años, viene de Bielorrusia y, desde la cima del ranking, ha descubierto otro tipo de vida. Contratos, campañas publicitarias, sesiones de fotos, escapadas a Grecia con su prometido en mitad de la temporada. Todo a la vista de millones de seguidores.

Y ahí aparece otro frente: el juicio público. Cada foto, cada viaje, cada vídeo en redes sirve de munición para quienes creen que se divierte demasiado y trabaja poco.

Paula Badosa, amiga íntima y compañera de circuito, sale en su defensa. “Sigue siendo la número 1 del mundo. Así que creo que los resultados están ahí”, recuerda. Y va más allá: “Por supuesto, todos van a esperar que gane cada torneo. Eso es muy, muy difícil. Y en el momento en que una jugadora no gana lo que se espera, por supuesto dicen que es por las sesiones de fotos o los TikToks y todas esas cosas. Y no voy a mentir: lleva haciendo eso desde que estaba quizá fuera del top 100. Y cuando ganaba, nadie decía nada, ¿sabes? Y cuando pierde un par de partidos, es por eso. Creo que no tiene nada que ver”.

El número 1, bajo presión

Lo que sí ha cambiado es la seguridad en el trono. Su bajón veraniego ha abierto la puerta a la persecución. Rybakina, Pegula y otras rivales huelen la oportunidad. Sabalenka podría necesitar una carrera profunda en Nueva York para blindar el número 1.

La situación no es nueva para ella. Ya ha respondido a crisis, ya ha vuelto de baches que parecían más hondos que este. Su discurso no es el de alguien resignado, sino el de quien se siente desafiada.

“Bueno, esa es la belleza del deporte”, dice. “Lánzame desafíos duros, que yo volveré solo más fuerte”.

En un circuito que no perdona y en una ciudad que exige espectáculo cada noche, la pregunta es sencilla y brutal: ¿volverá a ser Aryna Sabalenka la dueña del US Open o este verano marcará el inicio de un nuevo orden en la cima del tenis femenino?