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Aryna Sabalenka gana rápido pero enfrenta tensión en la prensa

Aryna Sabalenka sigue mandando en Nueva York. Dos veces campeona defensora, número uno del mundo y gran favorita al título, necesitó apenas 53 minutos para despachar a la debutante Polina Iatcenko en la segunda ronda del US Open. Un 6-1, 6-1 demoledor, de los más rápidos de su carrera en un Grand Slam.

Y, aun así, no parecía del todo satisfecha.

Exhibición corta, mensajes largos

Sobre la pista, el guion fue brutalmente sencillo. Sabalenka impuso ritmo y potencia desde el primer golpe. La rusa, número 160 del mundo y procedente de la fase previa, apenas pudo sostener el intercambio: solo conectó tres golpes ganadores frente a los 24 de la primera cabeza de serie.

Iatcenko entró en el Arthur Ashe Stadium con el cuerpo rígido y la mirada perdida, víctima de la magnitud del escenario. No fue hasta el 5-0 cuando logró, por fin, inaugurar su marcador. Lo celebró con una sonrisa de alivio, consciente de que al menos no se iría de la pista en blanco.

Ese pequeño respiro no cambió nada. Sabalenka cerró el set al juego siguiente en blanco y en menos de 90 segundos. Una apisonadora.

Con solo 24 minutos de juego, Iatcenko pidió un descanso para ir al baño y cambiarse la equipación. Más que un ajuste de vestuario, sonó a intento de reinicio mental. Mientras tanto, Sabalenka se mantuvo activa, afinando el saque para no perder el ritmo.

El segundo set arrancó igual que terminó el primero: la número uno aceleró y se colocó con doble break para 3-0. Hubo un pequeño bache en el cuarto juego, cuando perdió su servicio con un par de errores groseros, pero la jerarquía reapareció de inmediato. Dos nuevos breaks y partido a la bolsa. Lección dura para la rusa, victoria contundente para la bielorrusa.

“Estoy contenta con el nivel al que jugué, contenta con la concentración y contenta de haber pasado este partido”, dijo Sabalenka, que se medirá ahora a Kamilla Rakhimova en tercera ronda.

Una número uno bajo presión

El resultado no admite debate, pero la historia de Sabalenka en este US Open va mucho más allá de un marcador abultado. La bielorrusa persigue su primer grande de una temporada extraña: arrasó en los primeros meses del año, pero llega a Nueva York intentando salir de un bache evidente.

Su inicio de 2026 rozó la perfección. Final en el Australian Open, títulos consecutivos en Indian Wells y Miami, y solo una derrota en sus primeros 27 partidos, precisamente ante Elena Rybakina en Melbourne. Después del Sunshine Double, el impulso se frenó en seco: un balance de 17-7 antes del US Open y solo una semifinal WTA en los últimos cinco meses.

Antes del último grande del año, Sabalenka reconoció que había estado “lidiando con varias cosas” y que su nivel había estado muy lejos de lo que espera de sí misma. Nueva York se le presenta como un examen doble: recuperar el dominio sobre la pista y, al mismo tiempo, defender el trono del ranking.

Porque el margen es mínimo. Sabalenka necesita levantar el trofeo otra vez para tener alguna opción de conservar el número uno. Incluso así, no depende solo de ella: si Rybakina alcanza las semifinales, tomará la cima del ranking mundial.

La presión es real. Y se nota.

Cruce de cables con la prensa

La tensión afloró con claridad tras el partido. En la sala de prensa, Sabalenka se encontró con una pregunta que no le sentó nada bien. Un periodista insinuó que había estado yendo a “muchas fiestas” en la previa del US Open, a raíz de algunas publicaciones con marcas en sus redes sociales.

La respuesta fue inmediata y cortante.

“¿Qué tipo de pregunta es esa? Solo porque publiqué algunas actividades con marcas, ¿piensas que he estado de fiesta y sin entrenar?”, replicó, visiblemente molesta.

Cuando le preguntaron si ahora sí se estaba “poniendo seria” con el torneo ya en marcha, disparó de nuevo: “Oh sí, no estaba siendo seria antes. Siguiente pregunta”.

El contraste era llamativo: una jugadora que acababa de firmar una victoria casi perfecta, pero que transmite una mezcla de orgullo herido y urgencia competitiva. No es la imagen de una número uno relajada. Es la de alguien que sabe que, pese a los títulos recientes, el margen de error se ha reducido al mínimo.

Iatcenko, una derrota que paga el futuro

Para Polina Iatcenko, el día terminó con un marcador duro, pero también con un botín considerable. Se marcha de Nueva York con una experiencia invaluable: enfrentarse a la número uno del mundo en la pista más grande del planeta.

Y también con un impulso económico importante. Llegaba al torneo con unos 300.000 dólares acumulados en premios a lo largo de su carrera. Solo por esta participación, suma otros 190.000, un capital clave para invertir en viajes, equipo y planificación de temporada. Un golpe de realidad deportiva, pero un paso adelante en su carrera.

Pegula, Gauff y compañía mantienen el pulso

La jornada también dejó movimientos importantes en la pelea por la cima del ranking. Jessica Pegula, tercera cabeza de serie, avanzó con autoridad ante su compatriota Sofia Kenin, 6-3, 6-1, y mantiene viva su opción de arrebatarle el número uno a Sabalenka si conquista el título.

Coco Gauff, cuarta favorita, se encuentra en la misma situación: si levanta el trofeo, también podría salir de Nueva York como nueva líder del circuito. Por ahora, sigue firme tras otro triunfo solvente.

El cuadro femenino, en general, se ha movido sin grandes sobresaltos en estas dos primeras rondas. Karolina Muchova, finalista en Wimbledon, avanzó sin ceder sets. Lo mismo hicieron Marta Kostyuk, dos veces semifinalista de Grand Slam, y la joven sensación estadounidense Iva Jovic.

Las grandes caídas aún no han llegado. Las dudas, en cambio, sí rodean a la mujer que manda en el ranking.

Sabalenka ha empezado el torneo como acostumbra: golpeando fuerte, marcando territorio, dejando claro que su techo sigue estando por encima del resto. Pero ahora cada victoria no solo la acerca al título. También es una carrera contra el reloj del ranking, contra Rybakina, contra Pegula, contra Gauff… y, sobre todo, contra sus propios fantasmas de los últimos meses.

La pregunta es sencilla y brutal: ¿le alcanzará con este tenis —y con este carácter a flor de piel— para sostener el trono hasta el último día en Nueva York?