Aryna Sabalenka y el olor a cannabis en el US Open
En el Louis Armstrong Stadium no solo flotaba tensión de Grand Slam. También olor a cannabis. Y Aryna Sabalenka, número uno del mundo, decidió que no iba a hacer como si nada.
La bielorrusa había arrancado a toda máquina su duelo de tercera ronda del US Open ante Kamilla Rakhimova: 3-0 arriba en un suspiro, ritmo alto, dominio total. Pero en su segundo turno de saque, el tenis dejó de ser lo único que importaba. Sabalenka se detuvo, miró hacia la silla y llamó a la jueza de silla, Eva Asderaki-Moore. Algo no encajaba en el ambiente.
“Someone is smoking weed”, le dijo, señalando hacia las gradas mientras servía con 30-0. “Would you mind to… because it’s so strong”.
El gesto lo decía todo: molestia, sorpresa y una pizca de incredulidad. Un partido de tercera ronda del US Open y el viento empujando una nube de marihuana hacia la pista central secundaria del torneo.
Tras unos instantes de conversación y comprobaciones desde la silla, el juego siguió. Sabalenka no perdió el hilo. Cerró el partido en dos sets, sin concesiones, fiel a su papel de primera cabeza de serie. Pero la anécdota ya había marcado la noche en Flushing Meadows.
En la sala de prensa, la número uno bajó el tono y subió el humor. No se trataba de una cruzada moral, explicó. Su petición iba por otro lado.
“Yo estaba como: ‘Chicos, podéis hacer lo que queráis, podéis fumar lo que sea, podéis relajaros todo lo que podáis, pero por favor no lo hagáis alrededor de las pistas de tenis’”, contó entre sonrisas. “Es un poco complicado lidiar con ese olor cuando intentas competir al máximo nivel”.
El problema no es nuevo en el US Open. El aroma a cannabis se ha convertido en un acompañante tan recurrente como indeseado para algunos jugadores en Flushing Meadows. Varios ya se han quejado en ediciones anteriores de la distracción que supone, sobre todo en pistas abiertas donde el viento manda más que cualquier norma.
Dentro del recinto está prohibido fumar. Pero la realidad del entorno pesa: el consumo recreativo de marihuana es legal en Nueva York para mayores de 21 años, y el complejo de tenis está rodeado por Flushing Meadows-Corona Park. Lo que ocurre en el parque no siempre se queda en el parque. El humo viaja, se cuela entre las gradas, entra en las pistas. Y, en noches como esta, se hace protagonista.
Sabalenka reconoció que ya había olido cannabis en otros días del torneo, aunque nunca con tanta intensidad en pleno partido. El viento del viernes hizo el resto.
“Tan fuerte, sí. También porque hacía un poco de viento”, explicó. “No sé si venía del público o de fuera, porque el viento lo empujaba hacia dentro del estadio”.
La número uno no pidió sanciones ejemplares ni montó una escena. Lanzó, más bien, un aviso razonable, casi de sentido común.
“Solo espero que estén un poco más atentos con esas cosas”, añadió. Y cuando las preguntas volvieron una y otra vez al tema, respondió con ironía, cortando el asunto de raíz: “Vamos, chicos. Creo que no hay nada más que decir sobre la marihuana. Solo pido a la gente que no la fume al lado de la pista de tenis”.
En un torneo acostumbrado a lidiar con el ruido de los aviones, el murmullo constante del público y el bullicio neoyorquino, Sabalenka ha puesto el foco en un viejo problema con un matiz nuevo: la línea cada vez más fina entre el espectáculo deportivo y el ambiente de ocio que lo rodea.
El US Open seguirá oliendo a cemento, a comida rápida y a noches largas en Nueva York. La cuestión es si también seguirá oliendo, tan claramente, a algo más cuando la número uno del mundo esté sacando para ganar.






