Arthur Gea y Botic van de Zandschulp: épica remontada en el US Open
Arthur Gea estuvo a un punto de firmar una de esas historias que se quedan para siempre en los archivos de los Grand Slams. Un solo punto. Tres horas después, caminaba hacia el vestuario eliminado del US Open, con la mirada perdida y una mezcla de incredulidad y agotamiento que lo decía todo.
El francés de 21 años, llegado al cuadro final como lucky loser, dejó escapar una oportunidad monumental ante Botic van de Zandschulp, que sobrevivió a todo y acabó firmando una de las grandes remontadas recientes en Flushing Meadows: 3-6, 6-7 (0-7), 7-6 (9-7), 7-6 (7-3), 6-4 en cinco horas y 13 minutos, el cuarto partido más largo jamás registrado en el torneo neoyorquino.
Un punto del cielo, cinco horas en el infierno
El partido se partió en dos en el tercer set. Hasta entonces, Gea había manejado el duelo con una madurez impropia de su ranking, número 87 del mundo. Se llevó el primer parcial con autoridad, se adueñó del segundo con un tie-break perfecto (7-0) y se plantó en el desempate del tercero con todo a favor.
Ahí apareció el punto que lo cambia todo. Gea dispuso de bola de partido en ese tie-break del tercer set. Tenía la historia en la raqueta: convertirse en el primer lucky loser en alcanzar los cuartos de final de un Grand Slam. No lo cerró. Van de Zandschulp, al borde del abismo, se aferró al partido, salvó el match point y terminó robando el set por 9-7.
El golpe fue emocional y físico. Aun así, el francés volvió a colocarse en posición ganadora en el cuarto parcial. Esta vez, sirvió para cerrar el encuentro. Otra vez, el brazo se le encogió. El neerlandés olió sangre, rompió resistencias y forzó un nuevo tie-break. Y allí, con el impulso completamente cambiado, dominó 7-3 para empujar el duelo a un quinto set que ya tenía aroma de tragedia para Gea.
En la manga definitiva, el joven francés ya no encontró aire. Van de Zandschulp, número 70 del ranking, se mantuvo firme desde el fondo, castigó con su solidez y terminó abrochando el 6-4 que certificó una remontada que él mismo definió como un “regreso loco” y de la que aseguró no tener “ni idea” de cómo la completó.
De la previa a rozar la hazaña
La sola presencia de Gea en octavos ya era un pequeño milagro. Cuando se cerró la lista de entrada al US Open, su ranking no le alcanzaba para entrar directamente al cuadro principal. Tuvo que pasar por la fase previa, donde partió como primer cabeza de serie. Allí, sin embargo, cayó en la tercera y última ronda ante el estadounidense Nishesh Basavareddy. El sueño parecía terminado.
El giro llegó a última hora: la baja por lesión de Casper Ruud, finalista en 2022, abrió una plaza. Gea fue repescado como lucky loser y su torneo cambió de dimensión. Encadenó triunfos ante Juan Manuel Cerundolo, Zachary Svajda y Michael Zheng para plantarse en los octavos de final.
Frente a Van de Zandschulp tuvo el triunfo en la mano, pero terminó uniéndose a una lista ingrata: se convirtió en el decimotercer lucky loser eliminado en la cuarta ronda de un Grand Slam. El consuelo, eso sí, no es menor: 480.000 dólares en premios, muy lejos de los 66.000 que creía tener asegurados tras la derrota en la previa. No es el cuarto de final que rozó, pero sí un salto económico y de perfil que puede marcar su carrera.
Van de Zandschulp repite cuartos y se cruza con Zverev
Para Botic van de Zandschulp, el premio es deportivo y enorme: segunda presencia en cuartos de final del US Open, donde le espera el primer cabeza de serie, Alexander Zverev.
El alemán, campeón de Roland Garros este año, vivió una noche inusualmente tranquila en Nueva York. No por el rival, Luciano Darderi, cabeza de serie número 21, sino por el reloj. Después de tres partidos cerrados más allá de la 1 de la madrugada (1:55, 2:15 y 1:09), Zverev por fin terminó antes de medianoche.
Sobre la pista, fue casi impecable: 6-2, 6-2, 7-6 (7-3). Dominio total durante dos sets, control en el tercero y un tie-break final para asegurar su pase a los cuartos sin desgaste excesivo. Con humor, bromeó con que no sabía qué hacer con tanto tiempo libre al acabar tan temprano, entre la tentación de volver a entrenar y la de salir a un bar. También dejó claro su deseo: quiere volver a jugar el turno nocturno del miércoles ante Van de Zandschulp, “reservando” simbólicamente la pista desde las 23:00 hasta las 2:00.
Blockx aguanta el dolor y hace historia para Bélgica
La jornada en Flushing Meadows dejó otra historia de resistencia, esta vez con acento belga. Alexander Blockx, de 21 años, aseguró que estuvo “muy cerca” de retirarse por lesión ante Francisco Cerundolo. No lo hizo. Aguantó. Y terminó firmando el mejor resultado de su carrera.
Con la zona de las costillas castigada desde el inicio, el belga, cabeza de serie número 28, se impuso 6-3, 4-6, 7-5, 7-5 y se convirtió en el primer tenista belga en alcanzar los cuartos de final del US Open. Él mismo explicó que el dolor se acentuaba especialmente al sacar y que, de haber perdido el tercer set, las opciones de abandonar habrían sido muy altas. Ganó ese parcial, se sostuvo en el cuarto y cerró una victoria que cambia su estatus.
Si el físico se lo permite, su siguiente obstáculo será Karen Khachanov, número 50 del mundo, el miércoles en cuartos.
Khachanov frena el sueño local
Khachanov, de 30 años, también necesitó cinco sets para seguir con vida. Se impuso 7-5, 4-6, 6-7 (6-8), 6-1, 6-4 al estadounidense Learner Tien, decimocuarto cabeza de serie, y apagó el intento de los locales de colocar a cuatro jugadores en los cuartos de final del US Open por primera vez desde 1995.
Tien empujó, llevó el partido al límite y se quedó a dos sets de una gesta colectiva para el tenis estadounidense. Khachanov respondió con jerarquía en los momentos calientes: arrolló en el cuarto set y manejó con oficio el quinto para cerrar el pase.
Mientras Gea asimila la oportunidad perdida y el golpe emocional de haber tenido la historia en la mano, el cuadro masculino del US Open se endurece. Van de Zandschulp llega a Zverev con la confianza de quien ya ha sobrevivido a un maratón imposible. Blockx y Khachanov se citan en un duelo marcado por el estado físico del belga.
En un torneo que ya ha dejado remontadas salvajes, cuerpos al límite y noches eternas, la pregunta es inevitable: ¿cuánta gasolina le queda todavía a este US Open antes de escribir su próximo giro inesperado?






