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Antonelli brilla en el estreno del Madring y Lawson se mantiene en el top 10

El nuevo Madring apenas ha abierto sus muros a la Fórmula 1 y ya ha dejado claro su mensaje: aquí no hay margen para el error. Entre muros cercanos, curvas ciegas y un asfalto que castiga cada exceso, Kimi Antonelli salió del primer día como el hombre a batir. Y Liam Lawson, silencioso pero eficaz, se aseguró de que su nombre también estuviera en la parte alta de las hojas de tiempos.

Antonelli se adueña del circuito más joven del calendario

El líder del campeonato llegó a Madrid con la inercia desatada de su remontada épica en Monza, donde ganó saliendo 19º. No aflojó. En el primer día de acción en el regreso del Gran Premio de España a la capital 45 años después, Antonelli marcó el mejor registro en la segunda sesión y confirmó que el Madring se adapta a la perfección a su agresividad controlada.

El trazado híbrido, 5,4 kilómetros que mezclan carretera urbana con secciones permanentes, exige precisión quirúrgica. Curvas de alta velocidad, frenadas brutales, cambios de rasante, apoyos largos que devoran neumáticos. Una trampa a cielo abierto.

Antonelli lo disfrutó. Lo exprimió.

Habló de un circuito “muy guay” de pilotar, pero también de un desafío enorme: muchas curvas rápidas, muros cerca, zonas en las que hay que frenar y girar al mismo tiempo. El margen de error es mínimo, el castigo, máximo. Y aun así, cerró el día con la vuelta más rápida y la sensación de que tiene un punto extra de confianza sobre el resto.

En la primera sesión, George Russell había sido el más veloz, con Antonelli pegado a su estela. La pareja de Mercedes marcó territorio desde el inicio, consciente de que aquí la clasificación puede valer medio gran premio.

Tráfico, límites de pista y un muro que no perdona

El Madring no tardó en enseñar los dientes. Varios pilotos se fueron largos, otros rozaron los muros, casi todos pelearon con los límites de pista. El tráfico se convirtió en un problema serio: pocas oportunidades claras de adelantamiento y muchos coches buscando hueco para lanzar una vuelta limpia.

La primera bandera roja del fin de semana llegó de la mano de Arvid Lindblad. El británico perdió el control de su Racing Bull en una curva y se fue contra las barreras. Golpe seco, coche dañado y sesión interrumpida. Aun así, su ritmo previo le bastó para acabar cuarto en la segunda práctica, por delante de Russell y de Max Verstappen.

Lindblad se disculpó por radio, consciente de que había tirado por la borda una sesión que estaba siendo muy sólida. Su actuación, sin embargo, volvió a subrayar el nivel del segundo equipo de la estructura Red Bull.

Antes que la F1, fueron los monoplazas de F2 y F3 los que estrenaron el asfalto. Y también allí el circuito mostró su cara más dura: el accidente de Tasanapol Inthraphuvasak, con su coche incendiado tras impactar contra las barreras, encendió las alarmas. Un aviso temprano de lo que puede pasar si alguien se pasa de ambicioso.

Lawson, siempre en el top 10 y a tiro de Verstappen

En ese contexto, Liam Lawson firmó un día de esos que no hacen ruido, pero cuentan. Completó las dos sesiones dentro del top 10, sin errores y sin rasguños. En ambas, terminó en la décima posición, a unas ocho décimas de su compañero de garaje, Max Verstappen.

Para un piloto que sigue en modo interino dentro de Red Bull, el mensaje es claro: cada vuelta importa. Él mismo lo había subrayado antes del fin de semana, consciente de que en un circuito nuevo no hay atajos.

En pistas como Monza, repetía, todo el mundo tiene referencias, se puede dedicar más tiempo a tandas largas o a jugar con la puesta a punto. En Madrid, no. Aquí lo prioritario es estar fuera y rodar, sumar sensaciones, aprender dónde está el límite sin sobrepasarlo.

La comparación interna, sin embargo, fue dura. Lawson quedó por detrás del Racing Bulls habitual con el que se mide, el propio Lindblad, que logró superarle en ambas tandas pese a su accidente en la segunda. Un contraste llamativo que encaja con el análisis que hace Verstappen del reglamento actual.

El neerlandés había señalado recientemente lo “limitados” que están los coches a las sensaciones del piloto. Puso como ejemplo a Yuki Tsunoda, competitivo desde la primera vuelta en un coche nuevo, y al propio Lawson, capaz de saltar del Racing Bulls al Red Bull y rendir de inmediato. Para Verstappen, el talento sigue marcando diferencias, pero el margen de influencia del piloto está muy recortado.

En Madrid, Lawson volvió a demostrar que se adapta rápido, aunque el cronómetro, por ahora, le sitúa un peldaño por detrás de los referentes del garaje.

Ferrari acecha, Mercedes calcula y los neumáticos arden

Detrás de Antonelli, Ferrari se asomó con intención. Charles Leclerc y Lewis Hamilton terminaron segundo y tercero en la segunda sesión, ambos a apenas una décima del líder. Ritmo a una vuelta, presión inmediata sobre Mercedes y una advertencia clara: si fallan, el coche rojo estará ahí.

Russell, tras brillar en la primera sesión, se encontró con un problema diferente: los neumáticos. El británico habló de una degradación tan extrema que, sobre el papel, una carrera a seis paradas sería lo más rápido. Nadie va a atreverse con algo así el domingo, pero la frase ilustra el castigo que impone el larguísimo viraje que machaca las gomas vuelta tras vuelta.

El agarre, paradójicamente, sorprendió al alza. Los equipos reconocieron que meter los neumáticos en la ventana correcta de funcionamiento no era sencillo, pero una vez allí, el coche se pegaba al asfalto. El precio, de nuevo, lo pagaba la degradación.

Mientras tanto, McLaren sufrió un revés temprano: Lando Norris vio cómo su segunda sesión terminaba antes de tiempo por un problema de caja de cambios. Menos vueltas, menos datos, más incertidumbre de cara a una clasificación que se presenta crítica.

Madrid llena las gradas, pero Alonso y Sainz no despegan

Las cifras son de gran evento: entradas agotadas, 350.000 aficionados previstos durante los tres días. Madrid se ha volcado con el regreso de la F1, pero el guion deportivo no acompaña al sueño de una victoria local.

Ni Fernando Alonso ni Carlos Sainz parecen tener coche para pelear por el triunfo. El Aston Martin del asturiano sufrió un problema de embrague que le dejó sin parte de la segunda sesión. Terminó 15º en la primera y 17º en la segunda, demasiado lejos de la cabeza y sin el rodaje que necesitaba en un circuito tan exigente.

Sainz, con Williams, tampoco encontró la chispa. 17º en la primera tanda, 16º en la segunda. Ritmos discretos, sensaciones frías y pocas señales de que el fin de semana vaya a transformarse en algo más que una batalla por los puntos, si acaso.

El contraste es brutal: mientras la ciudad vibra, los dos héroes locales pelean contra la realidad de un coche que no responde.

Una clasificación que puede decidirlo todo

La conclusión del paddock es casi unánime: aquí adelantar va a ser un suplicio. Pocas zonas claras, muros cerca, curvas enlazadas que castigan cualquier intento de maniobra arriesgada. Antonelli lo dejó claro: la vuelta de clasificación de mañana será oro puro.

Con un líder del campeonato desatado, un Mercedes que huele a favorito, Ferrari al acecho, Red Bull buscando su sitio en el nuevo escenario y un Lawson que se aferra al top 10 para seguir construyendo su caso, el Madring se prepara para su primer gran examen.

La Europa de la temporada se cierra en Madrid. El resto del año se jugará lejos de aquí, pero lo que ocurra en esta primera carrera en el Madring puede marcar el tono del tramo final. ¿Será otro golpe de autoridad de Antonelli, una reacción de Russell o el día en que alguien inesperado se atreva a domar un circuito que no perdona?