Alfie Hewett conquista su quinto título del US Open
Alfie Hewett necesitaba algo más que tenis para salir de la oscuridad de Wimbledon. Necesitaba orgullo. Carácter. Y, sobre todo, volver a ser él mismo. En Nueva York, lo encontró.
El británico se coronó por quinta vez campeón del US Open en individuales de silla de ruedas al derrotar al número uno del mundo, Tokito Oda, por 6-0 y 7-6 (7-5), un triunfo que no solo le devuelve el trono en Flushing Meadows, sino que también frustra el intento del japonés de firmar el Grand Slam de calendario en 2026.
Venía herido. Y se notó.
De la humillación a la respuesta
Hewett, de 28 años, había perdido este año las finales de Roland Garros y Wimbledon ante el propio Oda. Especialmente doloroso fue lo ocurrido en la hierba londinense, donde apenas pudo ganar dos juegos en un 6-1, 6-1 que le dejó tocado y obligado a mirarse al espejo.
Él mismo lo reconoció: aquel día en SW19 fue “silencioso, tímido, una cáscara” de lo que suele ser en los grandes escenarios. Se pasó seis semanas rumiando esa sensación, decidido a recuperar la versión que le ha llevado a sumar ya 11 títulos de Grand Slam en individuales.
En Nueva York apareció ese jugador. Y lo hizo desde el primer punto.
Un primer set “poseído”
El arranque del partido marcó el tono. Oda dispuso de una bola de break en el juego inicial. Hewett la salvó con determinación y, a partir de ahí, se desató.
El británico describió después ese primer parcial como “poseído”. No exageraba. Dominó todos los intercambios, impuso ritmo, se adueñó de las líneas y cerró el set con un 6-0 incontestable, rubricado con un espléndido resto ganador de revés que levantó al público.
El hombre que en Wimbledon se había encogido, en Nueva York mandaba. Atrevido, agresivo, ruidoso en las emociones. Reconocible.
Oda reacciona, Hewett se niega a soltarlo
El segundo set contó otra historia. Oda, ganador de los últimos seis títulos de Grand Slam en individuales y dueño absoluto del circuito en los últimos tiempos, no estaba dispuesto a entregar así su sueño de completar el pleno del año.
El japonés ajustó su juego, apretó desde el resto y se colocó con doble break de ventaja. Parecía que el partido se encaminaba a un tercer set. El impulso cambiaba de lado.
Ahí apareció la versión más competitiva de Hewett.
Juego a juego, el británico fue recortando la desventaja. Se agarró a cada punto, leyó mejor los ángulos de Oda y, cuando el japonés dispuso de tres bolas de set para igualar el duelo, las fue salvando una tras otra. No cedió. No retrocedió.
El set terminó en un tie-break cargado de tensión. Oda buscaba alargar el partido para mantener vivo el sueño del Grand Slam de calendario. Hewett olía sangre. En el desempate, el británico manejó mejor los nervios, se mantuvo fiel a su plan y cerró el 7-5 que le daba el título.
Sin tercer set. Sin redención para Oda. Con una enorme reivindicación personal.
El golpe al año perfecto de Oda
Para Oda, la derrota duele más allá del marcador. El japonés había conquistado el Abierto de Australia en enero y se había impuesto también en Roland Garros y Wimbledon. Solo le faltaba el US Open para completar el Grand Slam de calendario.
En la pista, reconoció lo duro del momento y admitió que este era “el último tramo” de un objetivo histórico. Pero también subrayó que, en esta final, el campeón merecido había sido Hewett.
La frase encierra una verdad evidente: el británico encontró en Nueva York la versión que le había faltado en Londres. Y eligió el escenario más grande posible para recordarle al número uno que el dominio no es eterno.
Un campeón que vuelve a ser él mismo
El título en individuales se suma al que Hewett había conquistado el viernes en dobles junto a su compatriota Gordon Reid. Un doblete que confirma su vigencia en la élite y que llega, precisamente, cuando más dudas se cernían sobre su figura tras los golpes de París y Wimbledon.
En Flushing Meadows, el británico recuperó aquello que siempre le definió: valentía en los momentos grandes, coraje para sostenerse cuando el partido se tuerce y la capacidad de imponer su carácter en la pista.
Tras semanas “mordiéndose la lengua” y esperando la oportunidad de demostrar que seguía siendo ese jugador, la respuesta llegó en forma de un 6-0 inicial, una remontada desde el doble break en contra y tres bolas de set salvadas ante el hombre que había monopolizado los grandes.
La temporada de Oda seguirá marcada por la excelencia. La de Hewett, por este punto de inflexión. La pregunta, ahora, es clara: ¿ha sido este solo un paréntesis en el reinado del japonés o el anuncio de que el británico vuelve para disputar cada corona?






