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Alex Michelsen: El Terremoto del US Open

Si alguien tenía a Alex Michelsen en cuartos de final del US Open en su quiniela, hoy está de celebración. El resto del mundo del tenis acaba de descubrir, a toda velocidad, a un estadounidense de 22 años que ha irrumpido en Nueva York sin pedir permiso y sin ceder un solo set.

Cuatro partidos. Cuatro victorias contundentes. Ni una manga perdida. El cuadro se endurece ahora, sí, pero el impacto ya es innegable.

Un desconocido que juega como veterano

Michelsen llegó al torneo sin condición de cabeza de serie y con el número 46 del ranking ATP a su lado. Un número frío que no cuenta lo que está pasando sobre la pista: un jugador que está barriendo rivales con una mezcla de servicio demoledor y temple impropio de su edad.

Su saque, por momentos, es simplemente intocable. Cuando el resto logra devolver la bola, empieza otro problema: Michelsen está castigando cada pelota corta con una lluvia de ganadores. Ante Tomas Martin Etcheverry, en octavos, firmó 44 golpes ganadores. Cuarenta y cuatro. En tres sets.

Su firma técnica es clara: revés a dos manos sólido, limpio, que le permite tomar la pelota temprano y mandar en los intercambios. Desde ahí, construye: abre pista, sube cuando toca, remata sin titubeos.

Y todo esto, en su primer gran golpe en un Grand Slam.

De promesa universitaria a profesional precoz

La historia de Michelsen no sigue el guion clásico del tenis estadounidense reciente. Nacido en Aliso Viejo, California, se graduó en Laurel Springs School y firmó una carta de intención con la Universidad de Georgia, donde estaba llamado a liderar el programa masculino como el jugador nacido en Estados Unidos mejor clasificado de su generación en 2023.

Nunca llegó a Atenas. Decidió saltar directamente al circuito profesional ese mismo año. No fue un salto al vacío: venía de una etapa júnior muy sólida. Campeón de dobles en Wimbledon 2022 en la categoría de chicos, finalista de dobles en el Abierto de Australia júnior ese mismo año. Debutó en un Grand Slam absoluto también en dobles, en el US Open 2022, con derrota en primera ronda.

En 2023 recibió una invitación para el cuadro principal del US Open y ahí se estrenó en un grande en individuales. Hasta este curso, su techo en Grand Slam era un cuarto de ronda alcanzado en el Abierto de Australia 2025. Un buen resultado. Nada que anticipara esta semana en Flushing Meadows.

Un camino impecable en Nueva York

Su hoja de ruta hasta cuartos de final no admite peros:

  • Primera ronda: victoria ante Federico Cina por 6-4, 6-1, 6-0. Inicio sin temblores, con un marcador que fue de menos a más hasta rozar la perfección.
  • Segunda ronda: triunfo frente al cabeza de serie número 16, Brandon Nakashima, por 6-3, 6-4, 6-4. Primer examen serio, resuelto con autoridad y sin necesidad de recurrir al quinto set ni a la épica.
  • Tercera ronda: 7-6 (7-5), 6-4, 6-3 ante Daniel Merida. Un primer set ajustado, tiebreak trabajado, y a partir de ahí control total.
  • Octavos de final: 7-6 (8-6), 6-4, 6-4 frente al número 27, Tomas Martin Etcheverry. Dos desempates seguidos ganados en el torneo, dos mensajes de frialdad competitiva.

Ni un solo tropiezo. Ni una sola manga regalada. El tipo de recorrido que transforma a un desconocido en tema de conversación obligado en el vestuario y en las cabinas de comentaristas.

Dinero, ranking y un salto de categoría

Los números también cuentan otra historia: la del despegue de una carrera. Hasta ahora, Michelsen había acumulado poco más de un millón de dólares en premios en 2026. Solo por estar en cuartos de final del US Open se asegura 780.000 dólares más.

En la clasificación, el impacto será inmediato. Si alcanza las semifinales, irrumpirá en el top 30 por primera vez y firmará su mejor ranking histórico. Un salto que cambia cuadros, cabezas de serie, invitaciones y expectativas.

Ya no será “el chico que iba a jugar en Georgia”. Será un fijo en las conversaciones sobre la nueva hornada estadounidense.

Frances Tiafoe, el siguiente muro

El cuento de hadas se enfrenta ahora a una prueba muy real. En cuartos de final, el martes 8 de septiembre, Michelsen se medirá al cabeza de serie número 11, Frances Tiafoe, compatriota y referencia del tenis estadounidense reciente.

El historial entre ambos es breve, pero claro: dos enfrentamientos, dos victorias para Tiafoe. Michelsen sabe lo que es chocar contra él y salir perdiendo. También sabe que llega a este duelo en el mejor momento de su vida deportiva, con confianza, ritmo y una sensación peligrosa para cualquier rival: nada que perder, mucho que ganar.

Tiafoe representa justo lo que Michelsen aspira a ser: un habitual de la segunda semana en los grandes, un nombre que ya no sorprende cuando aparece en las rondas finales. El choque, además, tiene un componente generacional y simbólico evidente. Un estadounidense consolidado frente a otro que quiere irrumpir en su territorio.

Michelsen ya ha dinamitado las previsiones del torneo. La pregunta, ahora, es hasta dónde piensa llevar esta irrupción en Nueva York.