Akos Buzsaky rompe el silencio tras su desaparición
Durante más de una semana, el nombre de Akos Buzsaky volvió a sonar con fuerza, pero no por un gol lejano ni por una asistencia milimétrica. Desde Hungría llegaban informes inquietantes: el excentrocampista de QPR estaba desaparecido y la policía le buscaba. El fútbol inglés miraba de reojo, con preocupación.
Este viernes, el propio Buzsaky decidió poner fin a la incertidumbre. Lo hizo a su manera, directo y sin rodeos, a través de un mensaje en Facebook que QPR replicó después en X. Está bien. Está a salvo. Y quiso agradecer el cariño recibido en estos días de angustia.
En su mensaje, el exinternacional húngaro explicó que los últimos meses le han golpeado con fuerza: “En los últimos meses ha habido cambios serios en mi vida que me han puesto a prueba”. Una frase corta, pero cargada de peso. No dio detalles, pero sí dejó claro el impacto emocional.
Hubo un punto de ruptura. “Llegó un momento en el que sentí que tenía que romper con estas rutinas diarias”, escribió. Buzsaky se apartó, buscó un retiro personal, un corte radical con el día a día. Ese silencio, en un contexto de preocupación familiar, encendió todas las alarmas.
Su madre, al no saber nada de él, acudió a la policía. Él mismo lo definió como un “malentendido”. Cuando se enteró de que se le estaba buscando oficialmente, decidió frenar su retiro y avisar de inmediato a las autoridades. El caso, que había escalado hasta convertirse en noticia nacional en Hungría y eco internacional por su pasado en el fútbol inglés, quedó así aclarado por el principal protagonista.
En el mismo mensaje, Buzsaky se detuvo para agradecer el apoyo masivo recibido: “Muchas gracias por toda la preocupación y los pensamientos que me habéis mostrado”. No son palabras de compromiso; su cierre destila alivio y emoción: “¡Deseo a todos un buen día, y se sintió realmente bien recibir tanto amor!”.
Detrás del susto está la figura de un futbolista muy recordado en Loftus Road. Buzsaky, hoy con 44 años, vistió la camiseta de QPR durante cinco temporadas tras llegar cedido en 2007. Su zurda elegante y su golpeo de balón le convirtieron en uno de esos jugadores que dejan huella en la grada, más allá de los números.
Su carrera en el Reino Unido también dejó capítulos en Plymouth, Portsmouth y Barnsley. En total, 33 goles en 243 partidos. Cifras que cuentan parte de la historia, pero no explican del todo por qué su nombre sigue despertando reacciones tan viscerales cuando aparece en un titular de preocupación.
Esta vez, el desenlace no habla de un gol en el minuto 90 ni de un ascenso soñado. Habla de salud mental, de presión, de la necesidad de desaparecer un tiempo del foco. Y de una comunidad futbolera que, años después de su último partido, todavía se moviliza cuando uno de los suyos parece estar en peligro.






