Ajay Sharma: El Gigante del Ranji que India Ignoró
Hay carreras que parecen incompletas. Y luego está la de Ajay Sharma, una estadística tan descomunal en el cricket doméstico indio que hace que su hoja internacional parezca casi un error tipográfico.
Más de 10.000 carreras en first-class, 38 siglos y un promedio de 67,46. En la Ranji Trophy, todavía más extremo: 7.319 carreras a 80,42 de promedio, 31 cientos y actuaciones decisivas cuando más quemaba el partido, con siglos en cuatro de las seis finales de Ranji que disputó. Cifras de leyenda.
Y, sin embargo, un solo Test.
Treinta y 23 carreras ante una West Indies con Courtney Walsh y Patrick Patterson, victoria cómoda de India en Chennai en enero de 1988 y fin del expediente. Nunca más una convocatoria en el formato más alto. El resto de su historia se escribió lejos de los focos, en canchas domésticas donde su nombre se convirtió en sinónimo de abundancia.
El coloso del Ranji que apenas se asomó al Test
Su único Test, ante West Indies en Chennai, quedó marcado por los 16 wickets de Narendra Hirwani en un debut de época. Sharma sumó 53 carreras entre las dos entradas, cumplió, India ganó… y la puerta se cerró.
En ODI tuvo algo más de recorrido, entre 1988 y 1993: 31 partidos, 424 carreras a 20,19 de promedio, tres medios siglos y algo de aporte con su brazo izquierdo de spin lento. Correcto, pero lejos de la brutalidad de sus números domésticos. No alcanzó el peso específico que sus registros en Ranji gritaban a cada temporada.
Porque lo que hizo lejos del escenario internacional fue extraordinario. Con Delhi, Sharma se transformó en una máquina de carreras de Ranji Trophy, año tras año, hasta convertir su ausencia del equipo nacional en un enigma.
En 1991-92 acumuló 933 carreras y remató la temporada con 175 en la final ante Tamil Nadu, título para Delhi. Tres cursos más tarde, 1.288 carreras en first-class a 92 de promedio, prueba de que su hambre de grandes entradas no se apagó aunque la puerta de India ya estuviera prácticamente clausurada.
Y todavía faltaba lo más salvaje.
En 1996-97, mucho después de su último partido con India, firmó una de las campañas más dominantes que haya visto la Ranji Trophy: 1.033 carreras en solo ocho partidos, promedio de 114,78, cinco siglos y tres cincuentas. Un asedio constante a los ataques rivales. Su carrera en first-class se cerró con 10.120 carreras en 129 encuentros, 38 cientos y ese promedio de 67,46 que solo un puñado mínimo de gigantes históricos ha logrado superar con un volumen significativo de entradas.
Con todo ese dominio, su registro internacional seguía siendo uno de los más desconcertantes del cricket indio: un Test, dos entradas, ninguna segunda oportunidad. Años triturando ataques domésticos mientras la selección miraba hacia otro lado.
Pero su desaparición del gran escaparate del cricket no se debió solo a los selectores. Lo que vino después fue mucho más oscuro.
La sanción que lo cambió todo
El año 2000 sacudió los cimientos del cricket indio. Las revelaciones sobre Hansie Cronje destaparon un escándalo de amaño de partidos que llevó a una investigación del CBI sobre vínculos entre jugadores y corredores de apuestas. Entre los nombres que salieron a la luz, el de Ajay Sharma.
Las acusaciones giraban en torno a presuntas relaciones con corredores y presentaciones a otros cricketers. Sharma negó haber recibido dinero por amañar partidos, pero el golpe fue inmediato y devastador para su vida en el cricket.
En diciembre de 2000, la BCCI impuso sanciones de por vida a Sharma y al ex capitán Mohammad Azharuddin. Para Sharma, con 36 años y su carrera deportiva ya en la recta final, la decisión significó algo más que el final como jugador: fue casi una expulsión total del mundo que había definido su identidad.
Años después, el tablero legal cambió de forma drástica. En 2014, un tribunal de Delhi declaró nula la orden disciplinaria de la BCCI contra Sharma y dictaminó que no podía seguir siendo excluido de actividades vinculadas al organismo sobre la base de esa resolución. No se trató de un veredicto que proclamara que todas las acusaciones del escándalo eran falsas; lo que el tribunal sí hizo fue tumbar el proceso disciplinario y la sanción resultante, reabriendo una puerta que había permanecido cerrada durante 14 años.
Para entonces, las consecuencias ya habían ido mucho más allá de la pérdida de una carrera. Su hijo, Manan, intentaba abrirse paso como profesional con Delhi y también se vio atrapado en el estigma que rodeaba el apellido Sharma. El propio Ajay ha recordado cómo llegó a preguntarle a su hijo si podía ir al campo a verlo jugar. Manan le pidió que no fuera. Temían que la sola presencia del padre, con la polémica pegada a su nombre, pudiera dañar la trayectoria del hijo.
Para alguien cuya vida había girado siempre en torno al cricket, aquello fue un golpe especialmente cruel. El juego había llegado al punto de negarle incluso el derecho de entrar tranquilo a un estadio para ver a su propio hijo.
Sharma pasó años trabajando lejos del deporte, incluida una larga etapa en la Central Warehousing Corporation. Incluso después de la sentencia de 2014, el regreso al circuito organizado no fue inmediato. No había alfombra roja. Tocaba empezar casi desde cero, muy lejos de los reflectores que un día había merecido por sus números.
Un final de Ranji que nadie habría imaginado
El camino de vuelta llegó por la vía del banquillo. El coaching se convirtió en su reingreso al cricket. Sharma comenzó en academias, fue puliendo su oficio como entrenador y terminó al frente del equipo sénior de Jammu and Kashmir, el inicio de un capítulo que cambiaría por completo el tono del epílogo de su historia.
Su método no funcionó de inmediato. En el vestuario se le veía como demasiado estricto; el propio Sharma reconocería después que tuvo que cambiar su manera de comunicarse si quería que el grupo respondiera. Menos distancia, más empatía. La autoridad, sí, pero con otra música.
A partir de ahí, la transformación fue lenta, pero firme. Jammu and Kashmir empezó a crecer como equipo de Ranji Trophy. A creer. A competir. Y en la temporada 2025-26 rompió el techo de cristal: alcanzó por primera vez en su historia la final del torneo.
Tras la victoria en semifinales, la imagen dio la vuelta al país: los jugadores alzando a Sharma sobre sus hombros. El mismo hombre que durante dos décadas había sido recordado sobre todo por un escándalo y una sanción, convertido ahora en símbolo de una gesta colectiva.
Faltaba el último paso.
En la final, Jammu and Kashmir derrotó a Karnataka por ventaja en la primera entrada y levantó la Ranji Trophy por primera vez. Un título histórico para la región y un círculo casi perfecto para el entrenador que los había guiado hasta allí, alguien cuya relación con el torneo se remontaba varias décadas atrás.
Porque Ajay Sharma había sido uno de los grandes bateadores de la historia de la Ranji, un hombre de más de 80 de promedio en la competición y apenas un Test con India, antes de que una sanción de por vida y años de sospecha lo expulsaran casi por completo del mapa del cricket.
Más de veinte años después, el mismo torneo que lo hizo imposible de ignorar como jugador le devolvió el foco, esta vez como arquitecto desde la banda. Ya no era él quien cargaba el bate en otra entrada maratoniana. Eran sus jugadores quienes lo cargaban a él, llevándolo a un lugar al que Jammu and Kashmir jamás había llegado.
Y quizá ahí, sobre esos hombros y con ese trofeo, por fin sus números y su historia empezaron a parecerse un poco a lo que siempre debieron ser.






